Materiales contemporáneos, clásicos y moderno

Hasta aproximadamente la mitad de S. XX, los pintores y escultores trabajan con materiales como el óleo y la piedra, entre otros muchos. Pronto vendrá la era de los materiales contemporáneos. A partir de la irrupción del arte contemporáneo los materiales para la “deconstrucción” de la obra de arte cambian drásticamente. El texto que viene a continuación es un fragmento extraído del libro de Natalie Heinich “El paradigma del arte contemporáneo”: pueden leerse “en literal” las etiquetas o fichas informativas  que marcan las obras expuestas en galerías y museos de arte contemporáneo: “Furgoneta, acero, alumunio”; “Madera, caucho, alquitrán, acero inoxidable, lana de vidrio, poliuretano, silicona”; “Paño bordado”;”Coral y miga de pan”; “Arena coloreada”; “Cojines, yeso, látex y pan”; “Tela tubular Lycra y monopatín”; “módulos acústicos autónomos”; “Lycra cúrcuma, clavo pimienta”; “Bita de amarre, azufre, cerillas sobre papel de calco y pompón de marinero”: he aquí datos sobre los componentes de las obras de arte contemporáneo que pueden leerse en las fichas informativas – cuando no ocurre que ponga, simplemente, “materiales diversos”.

Tinguely, justo al inicio de la década de los ciencuenta del siglo pasado empieza a fijarse en los residuos industriales a los que, para producir sus obras, aplica procesos que hasta entonces pertenecían más al mundo de la técnica que al mundo del arte.
Aunque en la imagen superior Michel Blazy usa zapatillas y plantas como diseño decorativo comtempáneo, este artista se hizo también famoso por sus paredes de puré de zanahoria y patata. Para que quedaran pegadas a la pared utilizaba también pladur. Le hacía falta un equipo de seis personas para empastar una pared de 145 m cuadrados de superficie.

Materiales contemporáneos: conversaciones seriadas.

Como se ve los materiales contemporáneos son variados. Yo he añadido una creación mía: la del perro. Pero la obra  más interesante es la de la izquierda. Ian Wilson vende conversaciones con él.  Del libro “Ian Wilson”, un artiste non figuratif”, de Daniel Buren, he extraído un breve resumen que comenta su obra. Parece ser que sus conversaciones parten habitualmente de temas como “lo conocido y lo desconocido” y “el conocimiento absoluto”… Los temas con los que arranca la conversación se titulan lacónicamente, dejando paso de este modo al criterio de los interlocutores el cómo ha de seguir ésta. Bien pueden transcurrir sobre cuestiones o divagaciones filosóficas muy teóricas o derivar en una discusión banal o absurda. No hay otro objeto artístico que la conversación en sí. Y si quien participa en esta conversación quiere comprarla, solo tiene que pagarle recibiendo a cambio una hoja de papel con un enfático y corto: “Se realizó una discusión entre D.H. y el Sr o Sra X… el día tal de tal mes y año. “Imaginación” no le faltaba.