Surrealismo y filosofía

El surrealismo, tal y como declara Bretón en el primer Manifiesto Surrealista, se afirma a sí mismo como un movimiento filosófico y “científico”, apoyándose en Marx y Freud, principalmente. Consciente de la ruptura y dislocación que se verificó entre guerras, entre arte y vida, o entre arte y sociedad, o lo que viene a ser lo mismo, entre arte y humanismo, intentó volver a unir a través de la dialéctica ambos opuestos: tarea ideal más propia de la filosofía cuando los filósofos se creen que esta función tan descomunal les pertenece en exclusiva. Y a esta unión entre contrarios lo llamaron liberación…”La idea es libre”, diría Hegel, que André Bretón por cierto, consideraba también autor de referencia.

Nosotros proclamamos hace tiempo nuestra adhesión al materialismo dialéctico, todas cuyas tesis hacemos nuestras: primacía de la materia sobre el pensamiento, adopción de la dialéctica hegeliana como ciencia de las leyes generales del movimiento, tanto del mundo exterior como del pensamiento humano (…)

Surrealismo en la expresión pictórica

La poética surrealista para la pintura no era tan precisa ni concreta como la que se hizo para la poesía. El cuasiautomatismo promulgado para la escritura era más difícil de encontrar para las artes plásticas; sin embargo, y a través del concepto, Bretón consiguió elaborar un método para estas artes: las cosas sensibles y la lógica cotidiana nos esclavizan; hay que buscar lo maravilloso, lo nuevo e ignoto huyendo del hastío vulgar y opresivo que se asienta en la convención: hay que ir a buscar el objeto en el sueño, fusionándolo con la realidad. La poética surrealista es la dialéctica entre la identidad y la diferencia; siendo ésta la primera, el primer analogado, la ciencia de los primeros principios de la metafísica surreal.

El “schock” en la misma dislocación y diferencia se busca, es lo real en sentido lacaniano, abriéndose paso hasta lo simbólico entre el  juego reflactado de las imágenes, que a modo de indicaciones, apuntan a las “apariciones”, a los fantasmas. Los objetos se buscan y encuentran en lo otro y en lo Otro. Los objetos “aparecidos” y hallados, ejercen el papel de provocadores ópticos.

Bello como el encuentro casual de una máquina de coser y un paraguas en una mesa de operaciones (…) acoplamiento de dos realidades en apariencia inconciliables en un plano que, en apariencia, no conviene a ninguna de las dos.

La pintura surrealista porta un mensaje, un significado humano; no se mira la obra por su composición formal y plástica. Se interpreta su discurso, no su equilibrio cromático o geométrico, etc, etc. Pero en su construcción se apela a una misteriosa fe en “uno mismo interior”:

(…) es necesario que la revelación que tenemos de una obra de arte, que la concepción de un cuadro que reproduce determinada cosa sin ningún sentido en sí misma, sin argumento, sin significado desde el punto de vista de la lógica humana, sea tan fuerte en nosotros y nos procure una alegría o un dolor tan grande que nos sintamos obligados a pintar impulsados por una fuerza mayor (…)

surrealismo

 

Surrealismo y frottage

Max Ernst sugiere un procedimiento bastante sencillo que recuerda a un juego infantil, el de colocar una hoja de papel sobre una moneda, frotando por encima con un lápiz para hacer salir la efigie. Ernst ejercitó este proceder con trozos de madera, hojas, tela de saco deshilachada. Surgían así las imágenes más inesperadas:

(…) nacían “cabezas humanas, animales, una batalla, un beso, rocas, el mar, la lluvia, los terremotos, la esfinge sobre el pedestal, pampas, latigazos, y ríos de lava, campos de batalla, inundaciones, plantas sísmicas…el banquete fúnebre, la rueda de la luz.

 

Surrealismo y aparición fantasmática

Algo de extraño, una subterránea metamorfosis, una celeste aventura, un presentimiento de la infinitud espacial, un hormigueo de energías terrestres bullen dentro de sus lienzos. Verdaderamente, parece elaborar una visión de ciencia-ficción a escala poética. Pasado y futuro se unen en sus imágenes, ruinas arcaicas y árboles antropomórficos, pájaros de antracita, y soles prismáticos: un mundo artificial y, al mismo tiempo, misteriosamente vivo.

Para mí el surrealismo, es un humanismo; quizá ya también perdido como parte de los últimos coletazos del mundo moderno. Veremos si el transhumanismo puede alcanzar el mensaje surrealista y usarlo como conviene para una ética ya casi cientificista.