Dogmatismo, certeza y locura en «Ortodoxia»

He escogido un breve texto donde el dogmatismo aparece súbitamente en la vida cotidiana. Se describe fácil, tan fácil como escribía Chesterton.

«Dando un paseo con su editor, Chesterton mantiene el siguiente diálogo con él:

Este hombre llegará lejos; tiene fe en sí mismo. dijo el editor convencido.

Y recuerdo que, al alzar la cabeza para escuchar, mis ojos repararon en el letrero de un ómnibus que decía: «Hanwell».{Al oeste de Londres se ubicaba esta famosa, por entonces, institución psiquiátrica}

¿Quiere que le diga dónde están los hombres que tienen más fe en sí mismos?  Porque puedo decírselo. Conozco hombres que creen en sí mismos de manera más colosal que César o Napoleón. Sé dónde arde la estrella fija de la certeza y el éxito. Puedo guiarle hasta los tronos de esos superhombres. Quienes creen de verdad en sí mismos están recluidos en los manicomios».» Respondió Chesterton con su ideosincrático tono socarrón.

Dogmatismo, un breve apunte

¿Y nos dicen que hemos tener fe en nosotros mismos?¿De dónde viene esta exigencia despótica?

Esa sensación de «fe» y «certeza» en nosotros mismos puede ser muy engañadora. Esa ilusión «arde» en el cielo y en nuestras convicciones. Donde el fuego de la conciencia nos dice que nos autoafirmemos, en la certeza o fe, se hallan cercanos, según este autor, las delicadas líneas de la locura, la egolatría y la megalomanía. Y no puedo negar que simpatizo con estas afirmaciones. Hay un «no sé qué», en la otra cara de la certeza y de la seguridad sospechoso que quizás podría llevarnos a la caída y al fracaso.  Normalmente sólo se deja entrever en la intimidad, pero que también tiene la posibilidad de exteriorizarse en personajes escaladores en la jerarquía social, en los líderes del nuevo mundo.