Dos culturas: científicos y escritores

En 1959 C.P. Snow dio una conferencia que llevaba por título “Las dos culturas” en cuyo contenido trataba de componer un panorama sobre la forma de ser de, por un lado, los literatos, y por otro, los científicos y los ingenieros. Dada su formación científica y su cualidad como novelista de éxito, Snow se encontraba en un buen lugar para plantear el debate sobre ambos tipos de forma de ser.

Dos culturas, científicos y escritores: caracterización

Empieza la conferencia Snow afirmando que, básicamente, los científicos son optimistas. Los físicos tienen una experiencia de lo social muy poco trágica; en nuestra condición social, y para el ser humano, no hay un destino inexorable que deba cumplirse, al contrario, no hay destino, y la sociedad justa puede construirse por el hombre para mejor. Hay que hacer algo contra la injusticia (y no son meras poses o gestos, ni meras palabras).

Por contraposición, los escritores carecen de previsión, son indiferentes para con lo pudiese ocurrir a sus hermanos, reduciendo toda su actividad intelectual a un momento existencial puntual, a un puro y pasajero estado de ánimo. Por eso dice Snow de los escritores son superficialmente optimistas e ignoran en el fondo la condición del hombre.

Los físicos no se desorientan fácilmente; son más fiables ya que tienen mecanismos de “corrección automáticos” – con esto se refiere al método científico, que es el asidero en el que la ciencia fija su trabajo. Por eso no dependen tanto de las circunstancias como los escritores, ya sean estas sociales, económicas o de otra índole.

Además los físicos componen una cultura compartida: mismas actitudes, y mismos criterios y formas de comportamiento. Estos rasgos comunes traspasan fronteras y diferencias de religión, política y clase social. No leen literatura, ni se interesan por la pintura; sin embargo, sí escuchan mucha música.

Por su parte, los escritores están prácticamente divididos. No hay tantos modos de ser compartidos y comunes. La cultura tradicional es la cultura; como si la ciencia no fuera cultura. Creen que los físicos son especialistas ignorantes. Y por supuesto, no sienten el menor interés por aprender o comprender los logros intelectuales de la ciencia. “Ni intentaron, ni quisieron nunca entender la revolución industrial. Y mucho menos aceptarla”. Además de que están completamente al margen de la gran repercusión de la ciencia en la organización y planificación industrial. Por revolución industrial piensa Snow en lo que solemos llamar, segunda revolución industrial. Debido a este desinterés los escritores se vuelven indiferentes a los problemas reales de la sociedad: esto marca la diferencia en lo que atañe a su compromiso por la justicia social y el progreso.

Los físicos están más libres de prejuicios tradicionales discriminadores como el racismo. El espíritu democrático e igualitario forman parte de su ADN. Están más inclinados a compartir y enseñar lo que saben con la gente “normal”, sin formación. Harían falta científicos y lingüistas para propagar la ciencia y los sistemas políticos parlamentarios democráticos.

Los escritores, sin embargo, suponen un freno para el progreso y la democracia. Hay además, algo que preocupa a Snow especialmente: los escritores “representan, verbalizan y, hasta cierto punto modelan y predicen el humor de la cultura no científica: no toman decisiones, pero sus palabras penetran en las mentes de quienes lo hacen”. Entendiéndolo bien, Snow quiere decir que los literatos también deberían contribuir al desarrollo de la cultura científica. Y entendiéndolo mal, que deben supeditarse a lo que dicte una cultura científico-técnica, universal y democrática. En cualquiera de los dos casos, la norma se ha convertido en realidad.

Científicos e ingenieros: caracterización

En la segunda parte de conferencia Snow hace otra distinción que no carece de interés precisamente: antes decía que los escritores no entendían -ni querían entender- la revolución industrial. Pero resulta que los “científicos puros” tampoco.

Resulta que cuando Snow hablaba de revolución industrial se refería al conjunto de técnica y ciencia; es decir, a la ciencia aplicada y a la ciencia en cuanto tal, o sea, a la ciencia “pura”, la física. La unión entre ambos aspectos de la industria, por un lado, la organización y planificación industrial, y por el otro, a la ciencia misma, es a lo que, a lo largo de toda la conferencia Snow se estaba refiriendo.

En otras palabras, hay dentro de lo denominada revolución industrial dos culturas a su vez: uno lo componen los científicos puros y otro los ingenieros. Los primeros suelen ser “de izquierdas” y los segundos más conservadores y “de derechas”. Éstos últimos sí comprenden los entramados organizativos de una fábrica, por ejemplo, pero los otros, los científicos puros, no. Cabría decir que hay casi tanta separación entre escritores y científicos, como entre científicos puros e ingenieros.

Por todo lo anterior, Snow reclama la “fusión” de ciencia pura y ciencia aplicada; entre físicos “puros” y los ingenieros. A esta fusión es a lo que ha estado llamando todo el tiempo en su conferencia: revolución industrial. De ésta depende la curiosidad intelectual, la prosperidad económica de un país, el dominio del mundo natural para aliviar el sufrimiento humano, el sistema parlamentario y democrático, y la unión de la experiencia estética y moral que en la acción investigadora del mundo natural se lleva a cabo.

Al otro lado de la trinchera se encuentran los escritores. Ellos componen y emplean meras “facultades verbales”, usan de las palabras alegremente sin reconocer su posible repercusión social, no gustan de investigar la verdad, ni de que sea esta tarea la que se ha de llevar a buen puerto por la universidad; son nostálgicos y románticos, elogian el mito y la superstición, y con su reivindicación de la imaginación no hacen sino potenciar a estos.

Una tercera cultura

Snow dio otra conferencia posterior sobre el mismo tema. En lo fundamental añade que hay otro tipo de forma de entender el mundo y reconoce cierto carácter científico a lo que nosotros solemos llamar “las ciencias sociales”.

Los científicos sociales parecen formar opinión sin orden ni concierto, pero en realidad esto no es así, sino que terminan por dar cierta reconstrucción “científica” del orden social con coherencia interna, es decir, lógica. Además tienen un enfoque común: se interesan por la vida de los hombres en términos de “los hechos”, y no de mitos o de leyendas imaginadas.

Las investigaciones de los científicos sociales suelen llegar a tener muchos puntos en común, pero a pesar de describir y de hablar sobre los mismos hechos, los VALORAN de modo bien distinto. Cierta valoración romántica es la que parece que a nuestro autor le parece especialmente indeseable para la extensión de la revolución industrial.

Sin embargo, Snow no es tan comprensivo con la ciencia literaria – lo que nosotros llamamos la crítica de la literatura. En este terreno no hay acuerdo ni en los hechos. La razón está en el carácter particular y único de las grandes obras literarias, que se independizan, por decirlo así, de la objetividad de las ideologías que puedan encarnar y representar. El arte, el Arte – con mayúsculas- literario de los “grandes genios”, no admite la investigación objetiva e imparcial. Siempre hay algo que se escapa al estudio de las grandes obras escritas.

Hay en el concepto de “revolución industrial” de este autor algo que luego se llamó en entramado ciencia-técnica; muy estudiado, por cierto, en su ontología por Heidegger. Envío el siguiente enlace, El arte en la era digital, porque el entretejido entre ciencia y tecnología se muestra muy bien en las exposiones universales; y en uno de los aspectos más destacados del arte contemporáneo: la fascinación que debe producir toda obra de este estilo.

Enlaza con: Las dos miradas.

Y a este también: Un gran autor.

Y a este Nano relato también: Sobre un buen virus.