Estilo propio y su construcción

Esta entrada trata sobre el estilo propio en la escritura cuando ésta es apropiación en la persona, es decir, y a la inversa, cuando el sujeto quiere lograr su estilo propio en su lenguaje escrito.

Estilo propio, los obstáculos

El estilo propio tiene que habérselas con una serie de obstáculos que tiene que recorrer y salvar.

El primero de ellos lo hallamos en esa tendencia humana de intentar decirlo todo; lo que en filosofía conocemos bien como pretender decir la cosa en sí, desear acceder a lo incondicionado, etc. Ya sabemos que Kant nos previno de estas tentaciones e ilusiones del conocimiento. Y en parte Kant tenía razón, siempre y cuando no le busquemos segundos sentidos o significados a los términos “pretender”, “desear acceder” o “tentaciones”; sobre todo este último, que nos lleva a un contexto cuasireligioso y puritano; o el anterior dicho de éste, el “desear acceder” que, aunque un poco rebuscado, alguno podría ínterpretar libidinosamente; y si no el primero, “pretender decir” la cosa en sí, como si uno pretendiera a la amante perfecta y acaba en sí misma – cosa que, por cierto, ocurre con bastante frecuencia como objetivos en nuestra vida social y en vida social de todos los tiempos.

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El segundo obstáculo con que se topa un texto con pretensiones de singularidad es con el conjunto de repeticiones reiteradas de las formas convencionales del hablar y el decir; estas las hallamos en todos los contextos, en el trabajo, en la familia, en nuestras relaciones sociales, en los medios digitales o en los anteriores a estos, etc. La repetición es la forma elemental con la imaginamos y fabulamos las indicaciones que dirigimos hacia nuestro entorno en el tráfico e interambio comunicativo junto los otros. Y a la inversa, la repetición también la percibimos como un eco que rebota en nuestras cabezas, fabulando y deformando cosas que no han sido dichas, ni escritas, ni tan siquiera, a veces, han tenido lugar. Las deformaciones en los mensajes, los malentendidos, la hipocresía, etc, forman parte habitual de estas reiteraciones lingüísticas inevitables.

Esto dos inconvenientes para el texto convergen, “nos llevan” a una misma posición: una interrupción, a una parada en seco, a una especie de muro que no nos permite seguir y continuar.

Escribir lo absoluto es un absurdo, está claro, nadie, ni singular, ni universal, puede decirlo absolutamente todo. Es una cuestión de tiempo…de falta de tiempo creería Kant. La verdadera cuestión que está presente aquí es la urgencia, el apremio y la precipitación que conlleva toda vida, tanto si es animal como vegetal, pero mucho más si es humana. Los discursos totalitarios y fascistas son los que más se ven afectados por este pequeño inconveniente. Si no fuera porque son los que más gustan de la urgencia de acabar, de imperializar y de totalizar el lenguaje y la acción.

En el texto estas “paradas”, interrupciones, “reflexiones”, son vividas como un vacío, como un cero en el par binario [0,1] (que tanto me gusta mencionar, por cierto), como una obstinada resistencia insistente, en fin… como una nada o agujero negro que todo lo absorbe.

Este “fallo” del sistema del lenguaje ocurre incluso cuando escuchamos la voz interior que nos dice “debes seguir”, “la vida sigue”. Se escucha esta voz cuando ha prevalecido alguna pérdida: algo se perdió para siempre y se intenta recuperar, reiteradamente, obstinadamente, etc.

Lo mismo pasa cuando queremos hacer propio y singular toda escombrera y estratos de palabras y frases que hemos heredado de las sucesivas capas de la historia, tanto particular como epocal. Registramos lo perdido de algún modo, siguiendo el transcurrir vital; o miramos a otra parte, nos hacemos los suecos justo lo necesario como para jugar al juego del escondite, ocultándonos el temblar alegre o triste de la historia de nuestro agujero.

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Estilo propio, revelo mis cartas

Dicho todo esto ahora viene la parte en la que voy a desvelar mis cartas…¿De dónde vienen estas señales tan necesarias para seguir contra y a pesar de toda interrupción a continuar? ¿Cómo salvar el vacío repentino y repetitivo que obstaculiza al texto singular?

Según mi punto de vista, viene desde dos frentes distintos: por un lado de nuestra razón; y por otro, de nuestro espíritu inconsciente; y general proviene de nuestra naturaleza humana inacabada, incompleta, precaria, siempre en riesgo, menesterosa y necesitada de formación, cultivo, y sobre todo de palabras y frases desde las que poder constituirnos como sujetos singulares y, por qué no, de sujetos universales capaces de coger nuestra época por los cuernos.

Para saltar los obstáculos hay que mezclar ambos destinos, es decir, hay que híbridar vida despiderta y sueño, razón y pasión, conciencia e inconsciente, etc

Estoy convencido de que el inconsciente participa de las funciones del pensar y de las ideas; el inconsciente concibe, planifica, incluso busca un discurso moderador y prudente.

Estoy convencido de igual modo de que la conciencia no es tan actual, únicamente presente en el instante “ahora” y tan antihistórica como nos la vendió Descartes.

Sin embargo, he de reconocer que me inclino, sin arrodillarme, por la opción de que el espíritu inconsciente es el sujeto pensante primordial, primero y principal. El reino de las sombras, como decía Hegel sobre el ser de su lógica, piensa por negaciones, oposiciones y contradicciones que se suceden en el tiempo. Es lo que los filósofos anglosajones analíticos han llamado “corriente” de conciencia. “Corriente” sí, pero conciencia no tanto. Y si “corriente” significa también común, normal, convencional, aburrido, gastado, pesado, etc… pues todavía se “me pone” mejor.

La idea participante que habita en las sombras del espíritu inconsciente, hace sospechar e intuir a la conciencia despierta que hay rivalidades, competencias y luchas. Para algunas conciencias perversas y sociopáticas, esto, más que un intuir, es su realidad de todos los días, para nuestra desgracia social y para nuestro discurso singular.

Los psicoanalistas llaman a estas ideas rivalizantes y miedosas para luchar, de una sola y pomposa forma: el Edipo y su complejo. Digo “pomposa” porque la verdad es que el Edipo, siguiendo la expresión que usaba Aristóteles para el Ser, se dice de muchas maneras. Adopta formas que no tienen que incluir necesariamente cosas como el padre, la madre, el hermano, o a Caín y Abel, etc

Para Hegel, la Idea es libre y potente para seguir; automovimiento imparable de la vida del espíritu que concluye en la acción, en una realidad efectiva; que para el caso que nos trae, es el de la realidad para la persona, su texto y su voz.

Pero también necesitamos de la razón consciente; sin su apoyo, aunque sea secundario, no es menos útil; su lógica analítica nos es tan urgente…su poder de distinción y separación tan apremiante, que sin su concurso…¿Qué sentido y significado podríamos dar a esa rivalidad que se dice de muchas maneras? ¿Cómo ordenar nuestras imágenes, ilusiones, ideales y sueños?

Enlace aconsejado: La idea es libre

estilo propioEstilo propio y la mujer

¿Y sin el sobresaliente papel de la mujer?¿Y sin María Zambrano y su imponente libro “Los sueños y el tiempo”?

Flota a solas en la vida y se siente amenazado de hundirse en ella, de anegarse de ella, de naufragar, como sucede en las situaciones de vigilia en que la realidad se asume por su mismo exceso.