Frialdad del mundo, Ernest Gellner

La opinión de que el autismo de Wittgenstein y la consecuente frialdad de un mundo exento de valoraciones sea una reacción a las condiciones concretas de su tiempo es altamente cuestionable. La separación tajante entre lo factual y lo valorativo no es algo propio y exclusivo de Wittgenstein, sino algo que impregna la tradición filosófica de la que él forma parte. Está al menos tan claramente en la filosofía de David Hume, y a su manera incluso en la de Kant, como en la de Wittgenstein. ¿Sufrieron Edimburgo y Kónigsberg en el siglo XXIII la misma dolencia que la Viena de-fin-de-siécle? El parecido de la Escocia calvinista y la vida en la Royal Mile en Edimburgo con la vida en el Ring en los tiempos de Johan Strauss y Arthur Schnitzier no es inmediatamente evidente.

Frialdad del mundo, hecho y valor [Frialdad de un mundo]

La separación entre hecho y valor, conocida en ocasiones en el oficio filosófico como la Ley de Hume, es una obvia e inmediata consecuencia de algunas premisas básicas compartidas por filósofos tales como Hume y Wittgenstein, quienes comenzaron considerando las diferencias entre referirse a hechos y evaluarlos. Si una conciencia del abismo entre hechos y valores tiene al fin y al cabo profundas raíces sociales (y creemos que las tiene), éstas son mucho más generales. No están específicamente vinculadas a la concreta dolencia de las décadas terminales del Imperio de los Habsburgo. Están vinculadas a cualquier sociedad dotada con ciencia, esto es, a la sostenida, acumulativa y consensuada investigación de la naturaleza a través del método experimental, con la ayuda de formulaciones matemáticas independientes de cualquier condición o dogma social. Bajo tales condiciones, y quizás sólo bajo tales condiciones, la separación entre hechos y valores se convierte en algo difícil, por no decir imposible, de evitar. La investigación científica requiere de la separación de todo lo separable, la sustitución de grupos rígidos de rasgos a través de la investigación que mira si un nuevo grupo no podría operar mejor. Ello también implica, en consecuencia, la separación de los elementos evaluativos de los otros, la abstención de incluirlos como algo inherente a un grupo. (Así es como Hume demostró la separación entre hecho/valor: como una consecuencia de la separabilidad de cualquier cosa de cualquier otra.’) También esto es una consecuencia de la libre investigación: uno no puede cambiar sus valores con cualquier cambio de ideas, dado que, en el más puro interés de la estabilidad, una sociedad que incentiva y practica la libre investigación no puede vincular de forma rígida sus valores a teorías sobre hechos. Las sociedades sin una investigación libre y activa pueden hacerlo.

(Gellner, Lenguaje y Soledad, pag, 157)