La masa y lo público

En este entrada se trata la relación entre la masa social y lo público en el marco de las sociedades democráticas occidentales en peligro de extinción. Es un intento más, por parte de la filosofía, de enderezar la situación, de buscar el remedio a otro despropósito humano.

La masa y el acceso directo

Tanto Sloterlijk como Charles Taylor trazan, inicialmente, un diagnóstico parecido sobre la multitud, la población, los ciudadanos, la gente, etc ¿Cómo preferimos que nos denominemos?

Voy a usar “masa”. Pues bien ambos dicen constatar la existencia de un fuerza social que se está independizando del Estado moderno democrático occidental, constituyéndose como una clase de poder con guías propias, como una legitimidad imparcial, racional, universal, y ahistórica; como si pudiese fundamentarse a sí misma. Cómo si fuera la encarnación misma de la Razón. Una traducción a un lenguaje común diría: la masa es un nuevo fenómeno que se está separando del Estado y que reclama, arbitrariamente, un poder que en realidad no le pertenece. A esto C. Taylor lo llama la sociedad del acceso directo.

La masa, Sloterlijk

Según nuestro autor antes la masa humana tenía propiedades más parecidas a las cualidades físicas: se hacía más densa aquí o allí, se hacía opaca en sus motivaciones, arrastraba como arrastra el electromagnetismo, se descargaba como lo hace un termostato y seguía el principio de igualación de todas sus partes termodinámicamente “soñando con la luminosidad de lo grande”. Toda esta física era el soporte para la soberanía popular, la voluntad general, el alma y la dignidad democrática. Es decir: había ideales y estos se podían palpar en la gente.

Sin embargo ahora, todo esto se transfiere a los medios de comunicación de masas. Se pierde el contacto personal del tumulto a favor del aumento de discursos imaginarios y simbólicos, modas y programas o proyectos de entretenimiento. Sus instintos “cuerpo a cuerpo” ha dejado de servir a cualquier cambio revolucionario pacífico o violento. Y transforma iniciativa política por descomposición solitaria a exaltarse y divertirse perdiendo, a su vez, capacidad de arrastre y movilización.

Resumiendo y aclarando un poco: hay dos tipos de masas: la de antes, que podía formarse en torno a un proyecto político (legítimo o no); y la de ahora, que es disuelta y dispersada con imágenes y palabras.

La masa de ahora

A la gente se la controla ahora bajo el uso de dos mecanismos básicos: la ofensa y la adulación. Se la ofende y se la adula. Con mis propias palabras: se la neurotiza y se la enfrenta entre sí a base imaginarios y discursos contrarios y divagantes.

El mecanismo ofensivo nos dice que todo exige un esfuerzo y un sacrificio. Se susurra que el trabajo llevará al éxito, pero enfatizando éste más que aquél. Es decir, a los gandules se nos ofende constantemente.

Y el mecanismo adulador nos seduce presentándonos sólo el fin del proyecto de felicidad y entretenimiento, sin mencionar los medios y trabajos para lograrlo.

Dedicación y diversión, negocio y ocio; así se decía antes. La responsabilidad ofende a la gente, la diversión le halaga. Se nota que esto está escrito por un filósofo del norte, donde “responsabilidad” tiene un significado muy claro, significado que por aquí abajo no tenemos tan claro. Sólo sobre los amargados podría calar estos mecanismos psicopolíticos de manipulación de las masas. Ortega y Gasset lo diría más claro: necesitamos una élite culta que nos gobierne bien y punto.

La masa quiere sobresalir

Lo que está en juego según nuestro autor es que la masa quiere verse y ser reconocida. La gente quiere ser visible, que se le dé carta de buena naturaleza; salir en la tele, hacer un blog muy visitado, hacerse youtuber o influencer. Yo también estoy aquejado de esta neurosis, me enfrento con la gente, y quiero ser influencer; o sea, que sí, que este señor, al menos, tiene parte de razón.

Es lógico que ante este panorama la propia masa nos metamos en luchas encarnizadas para sobresalir, para alcanzar, como dice Sloterlijk, “la pasión orientada a la autoestima“. Buscar un lugar en la palestra política, literaria, o donde sea que pueda subirte la autoestima “visibilizándote” frente los demás.

La masa y el miedo

Hay que decir brevemente que Sloterlijk no sólo descubre la ofensa y la adulación como mecanismos de modulación, sino que también rehabilita el miedo. Habrá pues infusión de miedo en los medios postmodernos de comunicación masivos. Se retrotrae a Hobbes para esto. Bauman lo hará líquido.

La solución

El remedio está en el humor, en la posesión de un sentido terapéutico de la provocación, y en los artistas políticos expertos en la dignidad de ser admirados.

También debe participar el intelectual comprometido. ¡Faltaría más!