Narcisismo y arrogancia humana

En esta entrada apuntaré algunas claves sobre el narcisismo del ser humano como siendo un pilar básico sobre el que se sostiene en el mundo, aunque no sea esto lo único que lo hace, obviamente. La idea consiste en que un paso radical, tanto en cuanto a la cantidad, como en el incremento en el grado de su cualidad se está produciendo y este paso saltará y volverá a caer – este salto y caída no es objeto de este post – en los próximos lustros. No es lo único que cambiará, ni quizás sea tan básico como creo. Para introducir esta idea pongo a continuación un texto de un biólogo muy conocido, J.S. Gould, es el siguiente:

“Siempre nos han fascinado los lazos físicos de parentesco y ascendencia; nos parece que rastreando nuestros orígenes genealógicos podremos conocernos mejor y saber quiénes somos. Rebuscamos en los cementerios y en los registros parroquiales; escudriñamos las biblias familiares y preguntamos a nuestros parientes más ancianos, todo para llenar los vacíos de nuestro árbol genealógico. El estudio de la evolución es el mismo fenómeno, pero a una escala más global, con raíces mucho más largas. La evolución es el árbol genealógico de nuestras razas, especies y grupos zoológicos, y no sólo de nuestro insignificante apellido. (…)

Quien mejor expresó la importancia de la evolución en el pensamiento humano fue Sigmund Freud, cuando declaró con ironía que todas las revoluciones científicas tienen una cosa en común: todas atacan la arrogancia humana, derribándola de un pedestal tras otro de convicciones. Freud mencionaba tres: la copernicana (que nos desplazó del centro del Universo hasta un diminuto peñasco periférico en un Universo de vastedad inconcebible); la darviniana, que “nos relegó a descendientes del mundo animal”; y la suya propia, que descubrió el subconsciente y demostró el carácter irracional de la mente humana.

¿Qué podría ser más humillante, y por lo tanto más liberador, que pasar de considerarnos sólo un poco por debajo de los ángeles, dominadores de la naturaleza, creados a imagen y semejanza de Dios… a saber que somos productos naturales, destinados a desaparecer? Es algo que destroza la certidumbre complaciente y al mismo tiempo aviva los fuegos del intelecto.” (Gould Stephen Jay: Así son las cosas… Debate. Madrid)

Narcisismo y verdad

La verdad científica y sus revoluciones tienen consecuencias en la verdad intersubjetiva o en la verdad de la persona. Por impregnación, por introducirse poco a poco en nuestros esquemas conceptuales y emotivos, o por la causa que sea, es una realidad que las antiguas verdades y sus metafisicas y antropologías van paulativamente perdiendo inercia e importancia a pesar del poso que dejan que no es, ni mucho menos, despreciable para ningún aspecto de lo humano. La verdad pretende entrar a través de las  imágenes que tenemos los unos de los otros, a través de las imágenes que tenemos las naciones unas de otras. Al principio, cuando una identidad humana, individual o social, quiere construirse va alcanzando diferentes cotas de éxito en oposición a la precariedad, las lagunas y las debilidades desde las que se parte. Este fenómeno dialéctico tiende a presentarse en un medio donde el desconocimiento, la falta del reconocerse a sí de su propio sentido e identidad alcanza su máximo.

Este fenómeno humano continúa con una especulación mítica de lo que fue en su origen y lo precedió. Se escribe la historia para lo nuevo a construir como si hubiera sido siempre esa, y no otra, la historia verdadera y fundante. Lo nuevo emerge orgullosamente, con un narcisismo ya bastante subido de tono y que se siente aun siendo aun indefinido, pero casi inmortal cuando mira hacia adelante, a su futuro y a su verdad. Esto ocurre porque el pensamiento no puede abolir un orden nuevo, no puede parar la transcendencia, no puede parar la libertad, en una palabra. Entiendo la libertad como un hecho negativo; al estilo kantiano; aunque Kant, por lo dicho más arriba – ni Kant, ni nadie- pudiese deducir las consecuencias de eso suyo de “el uso negativo de la razón”.

Narcisismo y subjetividad descentrada

La conciencia cartesiana tan clara y distinta para sí misma – me parece que estoy soñando solo de mencionar el término “conciencia” – era además transparente. Podía darnos todo lo a ella llegara o todo lo que desde ella partiera. En estado de verdad y estando de cuerpo presente el objeto, atento y sin precipitarse ni tentado por las urgencias inevitables de lo real, el yo pensando y con la ayuda de Dios, alcanzaba todo lo que el método científico podía alcanzar. Bastaba con estar cierto de ello.

Con Hume la cosa se puso seria. En el plano teórico el yo solo es un haz de percepciones levemente unidas por la costumbre, la semejanza y la continuidad. Pero del yo mismo, nada de nada. En su dimensión práctica ese “yo” tan dudoso, sí cobraba impresión de realidad y verdad: el orgullo, la propiedad, la furia antimonoteísta, arrojaba un yo posicionado como una verdad evidente. ¿Cómo es posible esta dualidad de planos, el teórico y el práctico? Ya los hedonistas dejaron claro que el placer del éxito y el orgullo, por ejemplo, o la satisfacción de las necesidades del cuerpo, tendían naturalmente a transformarse en dolor, su contrario.

J.S. Gould menciona a Freud en el texto con el que empieza esta entrada. El narcisismo humano es atacado con el descubrimiento de que las motivaciones racionales conscientes tienen en la acción oculta del inconsciente el motivo para creerse que están en lo cierto.

Además de eso Freud se dio cuenta que hay un desfase en la máquina humana. Un movimiento doble de anticipación y regresión se adelanta a toda percepción consciente; y que la articulación de la verdad en el hombre debe tomar en cuenta este cambio de fase,  de tiempos que hay en toda verdad personal y colectiva. Cuando queremos ser conscientes del objeto, lo oculto ya ha hecho su trabajo. Si cuenta con la ayuda de la reflexión, en el sentido de “reflexión” de pararse a pensar antes de actuar, el movimiento de anticipación y regresión, podrá contar con un edificio más sólido y construirá la identidad más cerca de ese “yo transparente” y de ese “yo dual”. Respectivamente Descartes y Hume.