La persona pre-concepto básico

El propósito de este artículo es mostrar cómo las personas como concepto, incluye dentro de sí nociones también fundamentales, que no fundamentalistas. Para ello “usaré”, siempre respetando lo dicho por ellos en su literalidad, a algunos autores, como son, Strawson, Freud y Wittgenstein.

Strawson en su libro “Metafísica y análisis” explica como se introduce la causalidad en nuestros saber más teórico y paradigmático, es decir, el de la física. Propone la existencia en nuestro acervo intelectual de “analogías” constantes y recurrentes. Estas analogías coinciden con la observación, dice Strawson, y están implícitas en nosotros como pre-conceptos “primitivos” sobre las cosas y sus cualidades.

La persona y “las tres analogías”

Hay “tres analogías” básicas con las que explicamos los hechos físicos, según nuestro primer autor:

Una es el uso que hacemos “más o menos remotamente asimilable” de “empujar” y “tirar”. “Empujar” o “tirar” de algo, de alguna cosa, como por ejemplo, esta mesa, o aquella puerta.

Otra es la del “modelo de las fuentes”. Aquí usa Strawson la expresión “figurativa” de las fuentes para denotar e indicar la referencia de procesos o eventos materiales observables. Estas expresiones se pueden presentar de diversar forma, pero en general , son: las corrientes “fluyen“, fluyen “bajo la presión“, o encuentran o no “resistencias”. Causalidad significa entonces que de la fuente surgen consecuencias físicas según ciertas presiones y “resistencias“. Al referirse a la mecánica de fluidos dice Strawson: “también el lenguaje figurativo impregna el de las causas en general”.

A esto debo añadir una crítica

Strawson entiende la acción de la persona como la resultante de tener teórica y agencialmente y en reciprocidad de ambas, ciertas actitudes y creencias, siendo sólamente comprensible la acción de la persona como la construcción de una imagen cognitiva del mundo, y no una acción en la que la interdependencia con sus entornos tenga lugar. En todo proceso se da un intercambio; es una ley física. El ser humano intercambia permanentemente con la naturaleza objetos y cualidades. Con la naturaleza y con las sociedades propias y ajenas.

Y la tercera figuración es la magnética, no más relevante que las dos primeras, sino incluso más. Esta aparece como la causante principal, es decir, como la causa de las causas. A saber: los “deseos” y las “aversiones“. Fíjese el lector que no se incluye aquí el concepto de actitud, de actitud hacia una creencia cualquiera.

La persona y el psicoanálisis de Freud

Podemos añadir a Freud, en principio, porque ninguna resistencia debería de impedírnoslo. Desde luego que hay impedimentos, pero vamos a jugar a que “nada nos lo impide”. Estas “analogías” de las que venimos hablando, están en el origen de parte del trabajo psíquico propio de la actividad inconsciente. La acción vital — más allá de la actividad “despierta” — labora y elabora tanto en los sueños como en el lenguaje popular bajo la forma básica de la analogía o semejanza; al menos, “más o menos remotamente asimilable” desde luego, (recordemos el leve prurito puritano que se dejaba entreer en las palabras de Strawson más arriba citadas).

La persona en el segundo Wittgenstein. Brevemente

Primero hay que definir una idea: lo Otro. Lo Otro no es más que la diferencia que usamos para delimitar conceptos. Ya Platón se planteó como lo que es diferente a lo positivamente real, puede existir; si precísamente lo diferente a cualquier concepto es lo que no es él, lo que es diferente no puede ser; y si lo es, tendrá que serlo de algún modo subrepticio, como si entrara por la puerta de atrás del ser real.

Lo otro para Wittgenstein son, tanto los juegos de lenguaje, como más en general, las formas de vida prácticas y observables guiadas por reglas gramaticales.

En el parágrafo 610 de su investigaciones dice: “¿Por qué nos encontramos faltos de palabras para describir “el aroma del café”, o una hermosa melodía? ¿Para qué nos faltan las palabras? Estas notas musicales nos dicen algo magnífico, pero no las puedo comparar con nada que las explique. ¿Qué habría de pasar para introducir tal comparación?”

Entendemos una expresión por comparación. Viene a decirnos el autor vienés. Producimos un sentido cuando observamos su gramática, es decir, cuando lo comparamos con su Otro. Que yo levante el brazo por propia voluntad se entiende por relación a que no puedo disminuir el latido de mi corazón. Es como pensar dialécticamente y por el uso de contrarios lógicos. (Perdónenme los lógicos formales por decir esto de “contrario lógicos”)

No puede compararse “querer”, con voluntad. La voluntad de las personas se ha de entender. Sería algo así como “querer-querer”. ” “Querer” no es el nombre de una acción”. Hay un malentendido desorientador en “querer-querer”. Hay una causa mental que mueve la voluntad, como es causa que una parte de una máquina, de repente, deje de funcionar: “las ruedecillas pueden volverse blandas”. O el sistema falla, vuelva usted mañana, añadiría yo.

Un inciso: para Strawson, su Otro se refleja bien en esta una de sus líneas: “a no decir nada, si sobre ética, ni política”. Esta pequeña cita venía a colación del papel y función que debe de jugar la persona en el conocimiento teórico; sin embargo, cuando tiene obligadamente que abrir su dimensión social, aduce la frase arriba entrecomillada.

¿Cómo introducir el concepto de persona?

Para introducir “las personas” como agente general, habría que eliminar la relación de fundamento entre los conceptos básicos de cualquier esquema conceptual e introducir la metáfora o “analogía” del tejido o de la red. Añadiendo el aspecto social, ético y político. Es inevitable. También sería necesario la inclusión de la práctica de tal manera que la dicotomía teoría/práctica permita pasar del “saber” al “saber hacer”; y también al ¿qué hacer?

La persona, ¿qué hacer?

Desde otros autores se ha sugerido que desde la modernidad se ha perdido la imaginación para establecer lazos con el mundo. En el renacimiento, y posiblemente en todo el pensamiento antiguo, y por supuesto en el “primitivo”, los alquimistas y magos, filósofos y médicos leían en la escritura del mundo imaginariamente. Se encontraban analogías y semejanzas: el rayo la cólera de la naturaleza, “la atracción gravitatoria nos muestra el amor de los amantes a unirse, y “el imán como una especie de vida mineral”.

No se trata de volver hacia atrás, eso es imposible.

Ver este enlace: Se trata de usar más la imaginación.