La singularidad está cerca. Raymond Kurzweil

“La singularidad está cerca, cuando los humanos transcendamos la biología” es un libro escrito por Raymond Kurzweil (Massachusetts, 12 de febrero de 1948). R. Kurzweil es inventor estadounidense, además de músico, empresario, escritor y científico especializado en Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial.

Desde 2012 es director de Ingeniería en Google.

Es experto tecnólogo de sistemas y de Inteligencia Artificial y eminente futurista. Actualmente preside la empresa informática Kurzweil Technologies, que se dedica a elaborar dispositivos electrónicos de conversación máquina-humano y aplicaciones para personas con discapacidad: También es canciller e impulsor de la Universidad de la Singularidad de Silicon Valley. Raymond Kurzweil postula lo que llama la “Ley de rendimientos acelerados e historia de la tecnología”, con la que afirma que hay en el mundo de la tecnología un movimiento de cambio acelerado. Esto es, un incremento en la tasa de progreso tecnológico exponencial; mejor dicho, doblemente exponencial.

La singularidad y la historia

En su libro R. Kurzweil afirma que, “veo nuestra época como una colaboración cada vez más estrecha entre nuestra herencia biológica y un futuro que transciende lo biológico.” La afirmación no carece de base por lo que se refiere al hecho de que el ser humano es un ser trascendente.

Nosotros, los filósofos, que siempre vamos detrás de la procesión, como no podría ser de otra manera, ni podemos, ni queremos que sea de otra manera, solemos ser muy reticentes a las promesas excesivamente concretas sobre el futuro humano. Una primera objeción que se le podría plantear al señor R. K., es en qué o en cuál experiencia se basa para hacer tamaña, descomunal y, sin embargo, verosímil predicción.

Véase más arriba cómo la ley de rendimientos acelerados e historia de la tecnología se presenta como una ley “histórica”. Sería vano recurrir al gastado argumento de que la “historia” no es una ciencia; que es otro tipo de saber, comprensivo, interpretativo, etc. Por eso no lo voy a hacer. Pero que es la ciencia y la tecnología lo que mueve el mundo no lo puedo negar. Marx precísamente fue el primero en poner el énfasis en las ciencias y las tecnologías; éstas serían las bases infraestructurales de cualquier época o cultura.

La singularidad y la nostalgia de la filosofía

Parece que a la filosofía le queda la queja, la nostalgia y la melancolía de que el mundo cambia. La nostalgia y el escepticismo; nostalgia de un falso paraíso que nunca existió y el escepticismo sobre el porqué del cambio en sí.

Es inevitable traer a colación a Nietzsche y a Platón (o a Parménides si se prefiere). Nietzsche nos acusaba de inmovilismo, de egipticismo, de ahistóricos, de inútiles para rastrear genealogías para denunciarlas y hacer crítica con ellas.

También parece que a la filosofía le queda llorar de impotencia porque no es ella la que gobierna el mundo, ni tan siquiera la que lo vigila e interpreta o la que pone a cada ciencia en su lugar. Lo que parece que le queda es la defensa del Ser del humano y su vertiente y lado ético-político. Y esto es verdad. Creemos que con los cambios algo fundamental del Ser se perderá. ¡Por supuesto que se perderá! Lo que no sabemos es la ruta que se emprenderá desde lo perdido, ni en qué dirección, ni con qué o cuáles indicaciones contaremos para guiarnos.

La singularidad y la metafísica-antropológica

Pero tampoco lo sabe R. Kurzweil. Su ley histórica de los rendimientos acelerados topa en seguida con sus propias dudas con respecto a sus riesgos y beneficios. Riesgos y beneficios que según dice él mismo, pueden ser devastadores; y que por eso habría que contar con un repertorio ético bien provisto para atacar este su viaje. Paradójimente R. Kurzweil termina haciendo ética y política; metafísica no, porque la lleva implícita y quizás inocentemente oculta para él.

He aquí la metafísica-antropológica de R. Kurzweil. “Nuestra habilidad para crear modelos de la realidad en nuestra mente nos permite articular una visión coherente de las consecuencias de esta inminente fusión entre nuestro pensamiento biológico y la inteligencia no biológica que estamos creando (…) Esta historia se fundamenta en la idea de que tenemos la capacidad de comprender nuestra propia inteligencia (penetrar en nuestro propio código fuente, si se prefiere), modificarla y ampliarla”.

La conciencia o autoconciencia se ha externalizado o naturalizado en el código genético. O si se prefiere: son lo mismo. Imposible en esta entrada introducir todas las referencias filosóficas que de esta breve cita se desprenden. Para tener una visión amplia de a qué me refiero cliquen ustedes en el siguiente enlace: Dos modos de mirar el mundo.

Otro breve fragmento de nuestro autor: “He aquí un aspecto del carácter único de nuestra especie: nuestra inteligencia está justo por encima del umbral necesario para que podamos ascender en la escala de nuestras propias habilidades hasta alturas ilimitadas en cuanto a capacidad creativa, y tenemos el apéndice oponible (nuestros pulgares) necesario para transformar el universo a nuestro antojo”.

No voy a reprimirme aquí: ¿cómo deduce nuestro poder para transformar el universo, ni más ni menos que el universo, desde las solas premisas de nuestra inteligencia y nuestro apéndice oponible? Es mucho decir que seamos una especie inteligente en el sentido de racional. Y mucho más que podamos alcanzar alturas sin límite. Y más todavía que tal omnipotencia provenga de la forma y posición del dedo gordo de la mano. Con esto no quiero restar importancia a estos rasgos. Sólo que estos rasgos no son los únicos que nos caracterizan; y el que crea que es esto lo único que nos hace humanos se equivoca completamente.

Lo dejo aquí. El resto irá apareciendo en sucesivos post.