Superhombre y antropocultura

El propósito de este post es poner de relieve cómo el ideal del superhombre de Nietzsche puede guardar un sutil parentesco con el ideal transhumanista. Algunos textos de Nietzsche apuntan al uso de la tecnología – y también del arte – para ser usada para crear un nuevo humano, al estilo del que hace las cosas como si fuera un Dios o como si fuera “dioses”, una antropocultura humana. Una antropocultura humana – el término “antropocultura” aparece en cursiva en el texto al que me refiero en “Voluntad de poder” – aprovecharía todos los recursos del hombre para superarse.

Lo que en la naturaleza tiene un ritmo lento y “torpeza extrema, podría ser asumido y controlado por los hombres mismos (…) ¡Continentes enteros se consagrarían entonces a esta experimentación consciente” [cursiva en el original].

Unas líneas más arriba pone el ejemplo de cómo los chinos cultivan los árboles. Lo hacen de tal modo que “por un lado dan rosas, y por otro peras”. Punto y seguido afirma que eso es lo que con el hombre, o mejor dicho, lo que el hombre debe hacer consigo mismo y, como he apuntado más arriba, evitando la espontaneidad, lentitud y torpeza extrema de la naturaleza. Es decir, hay que acelerar, usando la imaginación y la tecnología, nuestra mejora. Y esto es precisamente lo que significa, a grandes rasgos, el movimiento transhumanista.

Llama la atención la expresión “experimentación consciente”; no sólo porque él mismo atacó el yo y la consciencia como falsos ídolos, sino también en el cómo protestó contra los principios científicos “de igualdad” entre fuerzas. La lógica conserva el principio de identidad, la ciencia mantiene la igualdad de fuerzas, las iguala en sus sistemas cerrados donde las cantidades dinámicas permanecen constantes.

Pero en realidad no es esta la imagen que tiene Nietzsche de la ciencia. A la ciencia puesta al servicio del superhombre, a esta ciencia, ya no se le pone pegas. Incluso en otras partes de su obra elogia lo que ésta hace con respecto al uso de los sentidos: los usa y no los desprecia. La experiencia, la observación y por lo visto también la experimentación según los fines nietzscheanos gozan de la nobleza que necesita su gran antropocultura.

Superhombre y los débiles

El gran rastreador de debilidades históricas no es inmune a sus propias debilidades.

En la “Gaya Ciencia” esta experimentación a conciencia debe de ir contra “los tenebrosos, los descontentos y los melancólicos. ¡Prohibir su propagación! (…) ¡Reir, bromear, destruir sin amargura!”. Todo en beneficio de la vida, de la voluntad de poder, del superhombre, etc.

En este mismo texto apela al superhombre que pueda llevar heroicamente todo el peso de la historia: “toda la aflicción del enfermo que sueña con la salud, del viejo que sueña con su juventud, del enamorado privado de su bienamada, del mártir cuyo ideal está destruido. Pero este héroe suprahumano, transhumano, que no debe de tener piedad de los débiles “debe” hacerse cargo de las desilusiones de los débiles y no se sentirá plenamente vital y rico hasta que “el más pobre pescador reme con remos de oro. Esa dicha divina se llamaría entonces humanidad”.

Si se une su idea de proyecto antropocultural y su ambivalente enfoque con respecto a su idea de verdadera humanidad, uno queda estupefacto ante el parecido con los sueños transhumanistas: juventud para los ancianos, salud para los enfermos y una humanidad salvada de todo mal. Enlaza: la época de la imagen del hombre.