El Foro Internacional de artistas digitales organizaba cada año el concurso de arte, “Creamos espacios para tus nuevos proyectos”.


El concurso tenia para esta celebración el tema : “Descripción física de una local para la inspiración”. El concurso iba a funcionar este año siguiendo el siguiente procedimiento: los participantes tenían que decir sus descripciones sobre el tema propuesto y litigar “faces to faces”, presentando cada uno por turno sus parlamentos.

La audiencia escuchante, pues una de las bases para esta convocatoria obligaba a que las intervenciones sólo se apoyaran en el habla, y no en medio audio- visual alguno, elegía el candidato que tenía que pasar a la siguientes ronda. “Al igual que en Roland Garros” — había dicho uno de los miembros conspicuos del comité fundador del Foro en el debate previo correspondiente a este año.


Álvarez intervino primero:

Mi descripción lleva por título, “El espacio para la reflexión”.

El pasillo o pasadizo sería largo y estrecho. Más o menos unos 100 x 3 metros de largo y ancho respectivamente. Su suelo antideslizante de cristofermac acariciaría los pies cansados de nuestros artistas visitantes NO museísticos, pero SÍ en las calles. Su techo, pertrechado de fuertes redes de hierro y plomo sin anclar a soporte alguno, deberían de parecer estar al borde del colapso sobre sus cabezas, para más martirio y dolor. El efecto cuestionante y provocador, de esta estructura en altura, favorecería la duda, o fortalecería la fe, del púbico-artista-visitante. Sus paredes desplegarían abanicos de imágenes seductoras, pero tranquilizadoras (una de cal y otra de arena, es lo mejor siempre), produciendo en las sensibilidades un efecto de acolchamiento o almohidallamiento cuya finalidad sería suavizar las asperezas que conlleva la dedicación a la obra de arte. Una vez acabado el recorrido del pasillo se abriría ante ellos un singular abismo circular blanco, de grandes e inmensas paredes blancas también al que se accedería a través del uso de ascensores normales y corrientes. Estructuras modulares redondeadas permitirían configurar lugares íntimos o colectivos de reflexión, inspiración y cuestionamiento.


García, a continuación….

— Mi descripción lleva por título: ” El local de oro y cobre”.

En un espacio público amplio y extenso, rodeado de árboles artificiales pero verdes, se alzaría imponente una gran cúpula parecida a las que ahora se usan para recubrir el campamento de las expediciones turísticas al K2. Como un gran “semi-globo”, y suspendido en el aire por fuertes corrientes de gas inaudibles y para nada tóxicas, el público entraría al espacio por cualquier parte del perímetro. Una vez dentro, una niebla nada espesa, casi trasparente, los envolvería en un “apeiron” multicolor: oro y cobre suaves, bronces atenuados, berbellones más fuertes en lo alto, ocres, azules mar… Todos ellos formando una escala de densidades de intensidad creciente, más tenues abajo, y más puras cuanto más hacia arriba fueran colocados. De esta manera los transeúntes del local tendrían a su disposición sitios; sitios y lugares separados por enormes biombos; como esa obra de Serra, nuestro admirado, ya tan conocida y expuesta permanentemente en el Guggenheim de Bilbao. En estas separaciones idearían qué obras y qué proyectos compartirían.


Lamentablemente, hay que dejar el relato aquí. El periodista, que esto narra, esta bajo amenaza de ser sustituido por un algoritmo. Seguro que éste retomaría mi trabajo y acabaría automáticamente los finales.


Piquen en el siguiente enlace para votar una de entre las dos descripciones. Enlace: Vota a….