Los perros en el debate público

Hacía ya tiempo que el debate sobre los perros había pasado a ser uno de los primeros problemas que los ciudadanos consideraban importantes.

En un futuro muy lejano, que es aquí donde ocurrían estas cosas, Josep y Javier coincidían todos los días muy temprano en el llano, paseando cada uno a su animalillo. Se llevaban bien, pero de vez en cuando surgían algunas disputas por el hosting donde cada perrete debía de hacer sus deposiciones y sobrantes.


— Ya quedamos el otro día que “Pesimista punto com” tenía que cagar un poco más allá; ¡joder Javier, que pareces tonto!. — Dijo Josep con la confianza que da el roce diario y temprano.

— Perdona Josep — Contestó Carlos dormido todavía — lo aparto hacia este lado, tú no te preocupes.


El Ayuntamiento Base 2.0 de Galvania llevaba debatiendo la nueva ordenanza contra las agresiones animalísticas dos años y medio. Por ahora funcionaban a duras penas con la anterior, que mostraba signos claros y lagunas evidentes reglamentarias. El número, y lo que es peor, el porcentaje de discusiones y peleas perrunas había aumentado un 450 % en tres meses.


Mientras, en la otra punta de la ciudad, el médico de urgencias del hospital mixto para personas y perros URLs 2000, atendía a Jaime, a Elizabeth, a Santiago punto com y a Pesimista punto com, sus respectivas mascotas de compañía. Póngales primero diazepam a discreción, después ya desinfectaremos, coseremos y vendaremos — díjole el médico a la enfermera.


El caso es que había un animalillo en el medio oeste de la ciudad que siempre ladraba, de puro miedo que tenía el pobre. Su dueño y señor lo iba orillando contra la pared cuando otros perros venían de frente y no se sabía si venían en son de paz o en son de guerra. El pobre perrillo, aparte de miedosín, era un chulo y un mil-homes 3.0 de categoría. Un día tuvo la su acostumbrada osadía de chulear a “la bestia” — el aspecto de ésta no era la causa del apodo, sino las respuestas con que acometía ciertas situaciones. Mati, pues así se llamaba, se le tiró al cuello sin previo aviso ni gruñido alguno, es decir, de verdad y en realidad. El dueño de Mil-homes 3.0 lo encontró bajo su cama, la del perro, no nos confundamos, llorando y quejicándose con esos pitidillos tan significativos que emiten los perros de todas las razas y culturas.


Por fin la Web Oficial de Galvania sancionó y decretó: “Se sube el impuesto para los “poseedores” de perros un 55% por barba; ¡y sin rechistar, eh!


Los “amos” se desplazaron con su perrillos a la periferia urbana, donde explanadas verdes y aislados bosquecillos hacían las delicias de estos tiernos animalitos.

En sus lenguajes, se decían unos a otros:

— Ya que nos hablan dirigiéndose a nosotros, como si fuéramos como ellos, con sus malditos sintagmas nominales, verbales, adverbiales y otros complementos innombrables sin pedir permiso y a bocajarro, por lo menos que tengamos más espacio para trotar; era lo menos que podían hacer por nosotros. ¡Bendito Ayuntamiento!

Enlace: ¡Oh, niños y perros!.

Y este: Las alucinaciones de los amos.