El virus H2 ya estaba en el planeta que llamamos, con bastante acierto, el planeta global Tierra. El virus estaba y estuvo siempre y desde el principio de los tiempos, desde el inicio de la vida, en el caldo de cultivo original. Desconocido hasta ahora, todos ignorábamos su existencia. Pero algo lo despertó. Algo también ignorado por todos, aupó a la realidad a este organismo macromolecular «en el límite de la vida». Quizás era el porvenir de una ilusión.

La unidad de Científicos solidarios Con la Gente (UCG), principal institución de investigación de la ONU tomó el mando y control de la situación en el momento en que tuvo las primeras noticias. Estaban autorizados para ello por la ley, es más, no sólo les correspondía, sino que no podían hacer renuncia de estas competencias.


— El virus H2, tiene una estructura molecular parecida a la de los cristales. Esto no es nada raro en principio. — Contestaba a la pregunta Anna Cross, jefe de prensa de la UCG. Los virus suelen aparecer súbitamente dentro de las células que infectan y crecen autónomamente en ellas; un proceso autónomo de formación parecido permite existir a la mayoría de los cristales. Estamos investigando esta afinidad, es curioso, pero podría arrojar alguna luz sobre el caso. Este virus — seguía diciendo Ana — tiene una cualidad que no habíamos visto antes: al principio sus síntomas preferidos sobre los organismos individuales humanos son la fiebre alta; hasta aquí como con casi todos los virus, pero sin embargo, al cabo de unas pocas horas, el sujeto mejora de enfermedades que «antes» padecía. Y esta «mejora», es una mejora notable, claramente perceptible, y fácil de encuadrar en diagnósticos precisos.


Los periodistas que abarrotaban la sala — es difícil narrar cualquier cosa sin utilizar esta maldita expresión — levantaron apasionados sus manos al unísono.

— Señora Cross, del Weekend Mirror, ¿Quiere decir que, aunque al principio padezcamos algo de fiebre, luego estaremos más sanos, así, en general?. — La pregunta se hizo incrédulamente y con cierto color cínico.

— Bueno….umm…. — Cross dudaba el cómo y la forma de responder. Bueno pues sí, rotundamente. Se decidió. A eso apuntan todos los casos que hemos podido observar en un número ya significativo de «pacientes», sí.

El alboroto en la sala de prensa persistía; insistía como insiste el mismo ciclo vital.


«Vida» que, hasta ahora era un antónimo de «Virus». «Vida» que, perseveraba en reproducirse, transformarse, tomar otras figuras, otras formas; pero por encima de cualquier otra consideración, «vida» que retornaba una y otra vez en su empeño por ser.


— Doctora Cross, para el Daily Mirror… ¿Es verdad que hay pacientes con hepatitis alcohólica que también mejoran? — Antonio Gonzalez hizo su pregunta esperanzado e inocente como un niño.

— Pues todavía es pronto para saberlo Antonio, no estoy al corriente de si ha habido algún caso como el que usted menciona — respondió Ana cautelosamente dibujando en su rostro una sonrisa cariñosa.


La población se encontraba en un estado, digamos, mixto; por un lado, la euforia y la esperanza aumentaban en grado; y por otro, una expectación muda e insegura recorría el aire envolviendo todas las cabezas. Las buenas noticias no son lo habitual, la gente teme las noticias, a los medios, a la red global, al cambio climático.

Los fundamentalistas religiosos no estaban tan contentos; sí expectantes, por supuesto; pero su actitud frente lo nuevo en general y a lo nuevo en particular, siempre mostraba, «preocupaciones» . En este caso sus rostros lo decían todo: ¡estaban jodídamente preocupados!.

Las empresas de la salud…bueno, más a menos igual que los dogmáticos antedichos. ¡Pero que se podía esperar de ellos sino esto!.

El mundo global parecía que se encaminaba hacia una nueva época. Los dirigente del G-7 ya estaban reunidos. Sus consensos y declaraciones fueron claras: había que esperar acontecimientos y adoptar precauciones por si la nueva realidad portaba dentro de sí alguna otra consecuencia inesperada para el organismo humano, como… por ejemplo…¡Una nano-arma-nuclear escondida!. «¡Escondida!». Así decía uno de ellos ignorante en los nuevos avances realizados dentro el campo de la nanotecnología.


En un «impasse» estaba todo el mundo. Claro que bien mirado, tanto planetas, como culturas, como personas, como civilizaciones, etc, están siempre en algún «impasse». Desde esta perspectiva nada había cambiado. ¿Por qué iba a hacerlo?

Enlace a otro Nano relato: Milagros transhumanos.