Pixel se encontraba trabajando y no podía dejar de clavar su mirada sobre la imagen de Andrea. Viéndola, observando danzar sus gestos, su forma de andar, enamorándose de su pelo, de sus ojos, de su apretado vientre…¿Qué no le volvía loco de ella?


Escucha Pier, nunca he sentido esta atracción tan fuerte, no es ya un cosquilleo en el estómago, sino en todo mi cuerpo; y hasta diría con exactitud, que el cosquilleo alcanza a todo mi ser. Me cuesta conciliar el sueño. Me vienen a mientes imágenes en movimiento de su cuerpo, sus piernas….¡En fin, ya sabes! — Nuestro protagonista se mostraba eufórico y exaltado.

— Vale, vale, tranquilo. Recuerda que tiendes al entusiasmo, es tu temperamento — Le replicó Pier como buen amigo que era. Lo que debes hacer es decírselo; y decírselo cuanto antes.


Celebrando las fiestas navideñas, la empresa organizó un pequeño catering, un poco rácano, a decir verdad. Pixel se llevaba a la boca su canapé. Andrea el suyo; y ambos mirándose fíjamente con ardiente pasión de ojos rojos.

¡Me mira! ¡Y con que mirada! — Observó. Eso animó a Pixel. Habría que hacer caso a Pier y decírselo ya; pero ya, ya.


La fiesta acababa. Bajando hacia el aparcamiento de la empresa, Pixel acometió a Andrea con gran resolución y sin aumentar demasiado la densidad en el abordaje, es decir, midiendo y ajustando bien el enfoque.

Andrea, escúchame, estoy loco por ti. Me gustas desde que te vi por primera vez en el curro, y hoy por fin, me decido a contártelo. — A nuestro deseante personaje le brillaban los ojos. Ojos que no apartaba de los de Andrea, tan bonitos.


El apartamento de Andrea estaba en el centro. Acristalado, los reflejos nocturnos de la ciudad entraban difractándose sobre la lisa superficie de una de las paredes; decorado con buen gusto, el piso también estaba ordenado y limpio. La cama amplia de colchón reflex digital se amoldaba al instante con cada movimiento libidinal, con cada parón tierno para tomar aliento. Los movimientos de los amantes dejaban en la cama sus efímeras siluetas. De haber sido posible grabar esos “amoldamientos”, si se me permite la expresión, y puestas una detrás de otra, el resultado hubiera sido quizás una película que mostrara el mar desde la perspectiva de un poeta.


Mientras Pier subía a su Lexus 200px, preguntó a su amigo cómo le había ido.

— Bien, bien, excelente. Las relaciones sexuales no son imposibles, como dicen algunos autores pedantes postmodernos de poca monta. Estoy encantado, casi estaría por decir que no me lo creo todavía.

Hay arte contemporáneo en pareja.

Otro Nano relato “amoroso”: Amar al troll.