Único. El vecino Arias

El cantante de Derribos Arias holgaba tranquilamente en su plácido hogar. Pero pronto sintió un único, claro y distinto desasosiego. Para mitigarlo, pensó darse un baño, no sin antes, relajarse un poco echando un vistazo a sus queridas plantas, tan mimadas por él.

Mientras se llenaba la bañera y me sumerjo completamente en el agua espumada “al estilo estrella hollywoodiense”, echo una miradita a mi “Filtrus domidera” — Se dijo.


Al poco rato sonó el teléfono. Era su vecino de abajo.

Perdone señor Arias… Pero me está diluviando. Me está cayendo cataratamente agua sin cesar, manchando mi techo y algunos de mis muebles más valiosos. ¿Podría mirar, si es tan amable, su instalación de fontanería o ver si se ha dejado algún grifo abierto? — Así le dijo esto, con mucho cuidado. Arias tenía muy, pero que muy mal genio.


El vecino Arias, que por muy mal que cantara, le solían llamar, “cantante”, sintió abundante humedad en sus pies. Anduvo unos pocos pasos. Parecía chapotear sumergido como una rana, o mejor dicho, como un pez. Había un palmo de agua anegando varias partes de su apartamento.

— ¡Hostia, la bañera! — Aulló fuera de sí.


Aunque sentía verdadera pasión por el cuidado de sus plantas, bien podría decirse sin temor a error, que ése era su único “hobby”, O sea, que el apartamento siempre estaba al pairo del orden, de la limpieza, y de las buenas costumbre hogareñas.


Más que aturdido y desorientado, Arias llamó a Carles, el batería de su grupo de….¿Rock?. Bueno sí, de rock.


¡Carles ven en seguida, corriendo! Estoy inmerso hasta las branquias de agua. ¿Es esto un problema “doméstico”, verdad?. Bueno tú ven ya. — No sabía que nombre poner a la inundación. En general le costaba nombrar las cosas. De todos modos, lo que sí sabía era que Carles vendría raudo; porque era un “Jesucristo” y porque, sobre todo, vivía justo enfrente.

Carles cogió mocho y cubo, y pacientemente, fue escanciando volúmenes y volúmenes de agua arrojándolos por un desagüe. Abrió puertas y ventanas para ventilar y secar. Así, lo que antes parecía, exagerando un poco, un acuario para peces de colores, ahora la casa quedó expedita, como una patena.


— Gracias Carles — Nada más mostrar su gratitud, se escabulló como un fantasma que en su otra vida hubiese sido corredor de los 100 m lisos: directo a su habitación/estudio y cerrando la puerta a cal y canto.

Carles sabía qué estaba pasando; qué significaba este desparecer repentino: su amigo Arias estaba de parto creativo. Pronto nacería una “la criatura”.

Y esto es lo que al final parió Arias: